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Periódico Vecinal de la Cuenca San Juan de Dios de Valparaíso - cerros Yungay, San Juan de Dios, La Loma, Cárcel, Panteón y alrededores.

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La Necrópolis Porteña


Por Aditi Olivera

Aún persisten las penas cuando se ha tenido un amor olvidado, es lo que sucede con nuestras dos Necrópolis Porteñas, como las llama Ana María Ojeda (historiadora y encargada del archivo histórico porteño) cuando repara enfáticamente de la poca gestión que arrojó el Municipio porteño en los Cementerios 1 y 2 del Cerro Panteón durante administraciones anteriores. Luego de 9 meses de haber tenido la conversación, el panorama algo cambió: existe una Oficina de Gestión Patrimonial, a cargo de la arquitecta María José Larrondo. En este Departamento trabajan para que nuestra historia sea una realidad sin olvido. Realizar resguardo de los sitios o lugares de memoria, como la ex-Cárcel Pública y el Polvorín central, este 21 de diciembre pasado declarados Monumentos Históricos y Sitio de Memoria en Derechos Humanos, es una acción de necesaria lucidez de nuestro pasado reciente.

Frente a este ejemplo, vemos en nuestros cementerios porteños tres casos de sitios históricos con carácter de monumento, pero en descuido y −por qué no decirlo− sin recursos. Sin embargo las Necrópolis, ambas, están deteriorándose rápidamente. El ejemplo más urgente es “La Pietá”, obra monumental de Miguel Ángel que fue recreada por el Studio Scultura Gazzeri, donada y traída desde Roma por Juan Brown Caces, nos dice Ana María en su libro*. Porque es cierto que se toma conciencia cuando la vemos imponente frente a nuestro pequeño cuerpo; lazo de amor puro, peso del dolor dulce de aquella muerte tortuosa, pareciera aquella mano un ala que sostiene al hijo recién muerto. Está realizada en mármol, en un solo bloque, encargo del cardenal de san Dionisio Jean Bilhères de Lagraulas. Me estremece cada vez que la veo, la dulce cara de María, tan joven representada, pero a la vez fuerte para sostenerlo a él, su único hijo.

Los atavíos caen mezclando el pliegue perfecto con la piel de Jesús y María, como un tótem de la muerte. Qué genialidad la de Michelangelo Buonarroti, un chico de 23 años, diestro en cincel y martillo. El contrato, firmado en el año 1498, especificaba el material, el tema, el tamaño, los plazos y el precio del encargo: “una Piedad de mármol, hecha con una Virgen María vestida sosteniendo en sus brazos a su hijo Jesucristo muerto, a escala natural”.

Jesús, dicen sus creyentes, logró salvar a la muerte; espero que nuestra Pietá logre salvarse del paso del tiempo bajo un arco de formas neoclásicas semi destruido. La obra original se encuentra actualmente en la Capilla del Crucifijo, de la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma, Italia. En Chile tenemos, como en países de América y Europa, una de las mejores réplicas de esta escultura, al menos así lo plantea férreamente la arquitecta restauradora Sandra Aliaga, cuando habla de los cementerios. Precisa que en estos lugares hay un gran legado que debemos reconocer y preservar: «El valor de los cementerios es su trascendencia cultural, porque cuando uno ingresa a ellos, se puede leer desde los inicios de una ciudad hasta el término de la misma. Es más, a través de los cuerpos que están allí, podemos obtener valiosa información sobre el pasado de una urbe, sobre su gente, sobre sus enfermedades, sobre las expectativas de vida que tenían, sobre sus ritos… todo, absolutamente todo está allí», afirma la profesional.

*(Ana María Ojeda, Los rasgos culturales de la Muerte, 1860 a 1930, Cerro Panteón, Valparaíso).

Una Respuesta “La Necrópolis Porteña”

  1. Anónimo
    2 julio, 2018 a las 2:48 am

    Buenas noches, soy estudiante de restauración patrimonial y encuentro que es un excelente articulo, lleno de datos que me llevan a buscar mas información y a encontrar respuestas a nuestra historia cultural, ahora se a donde y a quien dirigirme gracias a los nombres e instituciones que han publicado.
    Muy buena pagina, saludos.
    Gabriel Cerda

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