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Periódico Vecinal de la Cuenca San Juan de Dios de Valparaíso - cerros Yungay, San Juan de Dios, La Loma, Cárcel, Panteón y alrededores.

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Jean Thierry: el cónsul de calle Dinamarca


Jean Hugo Thierry y su mujer trabajaron arduamente hasta ver en pie el Hospital de niños de Valparaíso.

Por Pedro Donoso

Cada ciudad es una trama de nombres propios adjudicados a sus calles para rescatar la memoria de grandes personajes del pasado. La perpetuación de esas figuras del gran relato de la historia nos permite ubicarnos, localizar un edificio, enviar una carta, tener un remitente, redactar documentos solemnes con una dirección fija. Ahora bien, habitar, caminar y circular por esos nombres, no evita la erosión del olvido. Si hablamos de bajar por José Tomás Ramos, de cruzar Errázuriz, de avanzar por Eleuterio Ramírez siguiendo un recorrido por el espacio de la ciudad, podemos entender esas coordenadas aunque ninguno de esos nombres guarde ya alguna resonancia histórica para los habitantes.

Hablar de Dinamarca, de la única calle que recorre el cerro Panteón, supone remontarse 120 años atrás. En agosto de 1895, tras cuarenta días de navegación, llegaba a instalarse a Valparaíso un doctor nacido en Suecia pero criado en Dinamarca, que realizó su especialización de oftalmología en Londres. Jean Hugo Thierry. Antes de subir al barco había desposado a Anne Marie Sorensen y con ella vino a caer en Valparaíso por recomendación de un primo que habitaba ya en la ciudad y que había dado la alerta: sólo habían dos oftalmólogos en toda la ciudad. Algo se podría hacer.

El doctor Thierry se instaló en la ciudad con progresiva convicción. Tras su llegada pudo comprobar en terreno las deficiencias de las instalaciones y la inexistencia de una infraestructura mínima: “Valparaíso se distingue por muchas cosas, por su clima espléndido, sus hermosos cerros, sus quebradas tan gratas a la vista y tan ofensivas al olfato. Se distingue también por su enorme mortandad de niños que es tal que de 4 niños que nacen, 2 solos llegan a cumplir el año y uno solo a grande. Y se distingue también por ser la única ciudad civilizada de su tamaño donde no hay nada que merece el nombre de un hospital de niños.”

Jean Hugo Thierry se propuso cambiar esa situación y con su mujer trabajaron arduamente hasta ver en pie el Hospital de niños de Valparaíso, el primero de su especie en la región. En 1913 abre sus puertas para preocuparse de la desatendida población infantil. Pero Thierry y su mujer, Marie, empeñados en contribuir a mejorar las condiciones prestadas a los enfermos, se dan cuenta que es necesario formar a las personas que deben proveer los debidos auxilios. Según el propio doctor observaba, era común hasta ese momento encontrar a renombrados doctores asistidos por una legión de personas incompetentes, indiferentes incluso a los distintos padecimientos de los enfermos. Por esa razón los Thierry colaboran sin descanso en la formación de la Escuela de enfermeras del Hospital de niños que en 1919 inicia sus aulas con la presencia de cuatro profesionales traídas de Dinamarca para contribuir a subsanar la deficiencia en los cuidados provistos a los enfermos.

A estas alturas, la figura de Jean Thierry y Anne Marie, su mujer, destacan como héroes anónimos por su labor como benefactores comprometidos. Si partimos hablando de topónimos, de las figuras históricas que dan nombre a nuestras calles, ¿que habría que pensar de estos médicos ejemplares? La pregunta deja ver cómo funciona la historia o cómo se construye el olvido (que viene a ser lo mismo). Y sobre todo nos permite saber que, tal como la ciudad no es la suma de sus nombres, la historia tampoco está hecha por los héroes reconocidos.

Un detalle: La calle Dinamarca en el cerro Panteón lleva su nombre porque allí levantó su casa el doctor Thierry que, desde 1904, había sido designado cónsul de Dinamarca. El nombre de un país nos recuerda a un doctor de ascendencia francesa nacido en Suecia, educado en Inglaterra y que hizo carrera en Valparaíso. “Testimonio excepcional de la fase temprana de globalización”.


La familia Thierry en sus bodas de oro


Durante 50 años el ascensor Panteón (1901-1952) unió a la Av. Ecuador con calle Dinamarca.


El año 2011 un incendió afectó a la casa de Jean Thierry. Tras ser rehabilitado, el edificio hoy alberga un centro de coworking.

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