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Periódico Vecinal de la Cuenca San Juan de Dios de Valparaíso - cerros Yungay, San Juan de Dios, La Loma, Cárcel, Panteón y alrededores.

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Entrevista: Áncora 517


Con el número 517 de la calle Ecuador, Áncora es un espacio de encuentro abierto a la comunidad, autogestionado y colaborativo, donde puedes encontrar un área de trabajo común, cómoda y agradable. A pocos meses de cumplir tres años desde su apertura, sus integrantes, Martina y Alejandro, continúan desarrollando y dando vida a este proyecto.

Por Diego Álvarez y Catalina Pizarro

¿Cómo surge la idea de levantar un espacio como Áncora?

A: Se conjugaron muchos factores. En ese tiempo, la Marti venía llegando desde Canadá con pega de diseñadora, y yo pasaba todo el día encerrado en una oficina, con ganas de renunciar. Teníamos un par de amigos que en otros países asistían a espacios de cowork, en casas abiertas a la comunidad, y nos atrajo mucho la idea de conocer un lugar así. Buscamos algo similar en Valparaíso y nos topamos con un desierto, no encontramos nada, ni siquiera conocían el término. Nos invitaron a participar de un laboratorio de proyectos culturales, donde presentamos el proyecto de un área de trabajo compartido y colaborativo;  mientras tanto, con la Marti y Enzo decidimos vivir juntos y apareció esta casa enorme, ideal para dar el puntapié inicial a una iniciativa así. Al mes, ya habíamos abierto las puertas a este experimento sin tener idea qué iba a suceder, sabíamos lo que significaba un espacio de cowork, pero rapidito nos fuimos dando cuenta de que no nos podíamos quedar solo en eso, ya que nosotros habíamos cruzado ese proyecto con nuestras vidas cotidianas, porque vivimos aquí. Y así ha sido siempre el rollo: ver cómo podemos cruzar todos los aspectos de la vida en un solo lugar.

¿Cómo evalúan los años de trabajo que llevan en este proyecto?

A: El primer año se planteó como un experimento donde hicimos muchas cosas, probamos de todo: comida, música, talleres, teatro, danza, etc. La transición del primer al segundo año fue ir hilando fino sobre qué cosas se amoldaron bien al funcionamiento de la casa. Y en lo que llevamos de este tercer año, ya anda todo solo, hay un equipo de personas comprometidas con que esto se siga moviendo, y se sienten parte de esta comunidad. Hemos tenido la oportunidad de poder soltar las riendas, volver a nuestros propios oficios, a nuestras pegas y empezar a trabajar en eso, pero en el mismo espacio.

¿Y sienten que ha tomado caminos inesperados?

M: Todo el ejercicio ha sido de no tener una meta ni proyecciones tan concretas, sino que siempre planificar en la medida de que sean proyectos concretables. Ir  paso a paso, en vez de decir ´bueno, de aquí a quince años queremos estar en esto`. Desde un principio esa fue la premisa: abrir las puertas de la casa y ver qué sucede, en vez de pensar “queremos lograr esto, posicionarnos como un espacio de cowork“. Eso nunca estuvo en las conversaciones, sino ver qué va funcionando y qué no. Siempre ha ido de la mano con lo inesperado, nunca forzándolo.

¿Cómo se desarrollan sus relaciones con la comunidad y/o el barrio?

A: El principal lienzo en donde pasan todas las interacciones con la comunidad es en el espacio común. El espacio físico da para mucho, porque esta casa es grande, tiene sitios abiertos, así todos pueden ver qué hacen los demás. El día a día se integra a tus rutinas, y a la de todos. A mí me parece que en el plano cotidiano nos permite estar en contacto y saber que al estar juntos nos transformamos en una comunidad. 

M: Por otro lado, el trabajo colaborativo con las otras organizaciones del barrio. Entender que no somos los únicos haciendo cosas así en el sector y que, por lo mismo, hay que fomentar que esas organizaciones sobrevivan, porque así tenemos más posibilidades de continuar existiendo. Y siempre ha sido de esa forma: saber quiénes son, de qué manera podemos ayudar, cómo trabajar juntos, porque si bien somos todos distintos, nos complementamos para generar más riqueza en la comunidad.

¿Qué se proyecta en Áncora para este año?

M: Por lo pronto, seguir andando, seguir funcionando ya es un logro en sí mismo. Quizás más espacios de compartir, poder ir madurando con todo lo que hemos ido haciendo en este tiempo. Eso, para no cambiar nuestra tónica de no proyectar ni tener tantas expectativas. Continuar haciendo las cosas que nos resultan bien y que tengamos ganas de seguir desarrollando, porque si no hay ganas, ¿para qué hacerlo?

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